Un alegato de la música. Un alegato del silencio.

Decía Jung que la tristeza no existiría sin la felicidad. Benedetti afirmaba que la felicidad no podría existir sin la tristeza. Cada sentimiento, cada aspiración, cada tiempo precisa de un opuesto para crecer. Pero a veces, lo que parece antagónico puede no serlo tanto.

En la ÖSRM creemos que la música y el silencio no son conceptos contradictorios. Sería un error creerlo. Más bien percibimos ambos como sensaciones complementarias, tan complementarias que a veces es imposible distinguir una de otra.

El silencio crea el escenario para que la música viva… Y la música nos lleva al silencio, para poder disfrutarla. Es imposible que la música exista sin el silencio. Es imposible que el silencio exista sin música.

Como ocurre con cualquier otro arte, la música precisa del silencio para ser creada. Beethoven creó un universo único e irrepetible rodeado del silencio de una sordera que, lejos de ser un obstáculo para su música, la convirtió en su único refugio.

La vida parece una continua sucesión de elecciones entre dos opciones y eso nos ha hecho olvidar que la belleza nace y crece en los matices, que nuestra existencia sólo puede merecer ser vivida a través de la libertad de creer que hay algo más que lo que nos dicen que hay. Pocas disciplinas artísticas tienen la capacidad que tiene la música clásica para abrir nuevos caminos, de reinterpretar lo antiguo para hacerlo más vigente que nunca, de cambiar nuestra concepción de lo que ya estaba escrito, de convertir la tristeza en belleza y la belleza en felicidad.

O de transformar el silencio en el sonido más bello que hayas oído jamás.



La ÖSRM quiere iniciar un viaje de la mano de todos los amantes de la música clásica o de aquellos que aún no saben que lo son. Una invitación a cada persona para que encuentre su propio silencio. Un lugar donde crecer, donde poder ser uno mismo, donde pensar, donde amar, donde recordar, donde olvidar. Un estado para poder ser lo que se quiera ser, para poder cambiar lo que creemos que no se puede cambiar.

Queremos que escuches nuestro silencio,

el tuyo. El mismo.

Bienvenidos al silencio
de la ÖSRM